El tiempo es nuestro

Hace solo unas semanas discutía mostrando mi desacuerdo con Marcuse, con su idea de que el pueblo ya no es revolucionario. Criticaba su falta de fe en el hombre, en la capacidad y en la voluntad que tenemos para cambiar las cosas. Me enfadaba leerle y ver como creía, hace ya varias décadas, que la sociedad industrial avanzada había acabado con el germen revolucionario del que Marx tanto hablaba. Hace solo unas semanas me veía sola peleando por defender una sociedad en la que creía, no estaba dispuesta a creer que eramos tan manipulables, tan pasivos, tan ignorantes como creían. Pero el 15 de Mayo todo cambió. Si después de que Marcuse escribiera El hombre unidimensional el mayo del 68 estalló, décadas después, otro mayo estallaba en Madrid. En la ciudad de la que siempre había oido cosas preciosas, sobre sus luchas. Madrid la ciudad a la que Goya había pintado en su cuadro los fusilamientos del 3 de mayo, un cuadro en honor a otra lucha, a otro mayo. Ahí estaba de nuevo, Madrid, mi ciudad, la que lleva gobernada por el PP demasiados años ya. Madrid la del “no pasarán”. Madrid, mi querida Madrid.

Y el miércoles estuve en sol, dejé de estudiar los globales de la universidad, y me fui a sol. Allí oí como decían lo que yo sentía, si hace solo unas semanas podríamos llegar a encontrarnos decepcionados con nuestra ciudad, nuestro país, nuestro mundo. Si hace solo unas semanas nos podía costar encontrar razones para defender la gran capacidad y voluntad de todos los hombres y mujeres para cambiar las cosas, ahora, justo ahora, no podría sentirme más orgullosa. Me emociona hablar con mis amigos y ver a toda esa gente y redescubrir que son gente maravillosa que quiere cambiar el mundo. Gente que está muy lejos de parecerse a esos “jóvenes mediocres, bárbaros, borrachos y violentos que solamente quieren drogarse y salir de fiesta”. Porque aun no se han dado cuenta de lo más importante. Antes, con 14 años gritábamos que eramos el futuro, pero ahora no, ahora lo que gritamos es que somos el presente. El tiempo es nuestro, el presente y el futuro. Y si una vez Ismael Serrano cantaba: “Papá cuentame otra vez, ese cuento tan bonito de dulce guerrilla urbana” ahora, nuestros padres, los que lo dieron todo por hacer de nuestro futuro algo mejor, los que nos educaron en los valores de la solidaridad y la lucha. Esos padres, nuestros padres, cantarán “Hijo cuentame otra vez ese cuento tan bonito de dulce guerrilla urbana”.

Es una sensación indescriptible. Sentir que si antes todo estaba perdido, ahora queda todo por hacer. Se llama esperanza, se llama futuro, se llama revolución.

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