Grado de Historia

Hace poco me preguntaba una amiga si cuando eliges una carrera y llegas a tu clase en la universidad te das cuenta de que todos los que estáis ahí sois muy parecidos. Pues sí, le contesté. Y no solo porque compartas la pasión por la misma disciplina. Más aún, en mi caso he descubierto que entre todos ellos haces amigos íntimos con los que compartes tantas ilusiones y esperanzas. Amigos con los que arreglas el mundo a las dos de la mañana y con los que las conversaciones parecen casi monólogos de lo similares que son los pensamientos.

Cuando empiezas la carrera, tienes miedo, quieres ser aceptado. Empiezas emocionado esperando ver a que nueva persona conocerás. Poco a poco vas conociéndoles, descubriendo que les gustan las mismas series, que quizás les interesa la misma especialidad que a ti. Descubres con cada charla porque el mundo ha querido que acabaran contigo en la misma clase. Vas conociendo sus sueños, sus ideales, sus planes de futuro. Les vas contando los tuyos, compartiendo tus miedos, tus planes alocados de cambiar el mundo. Así como tus ideas sobre la educación, la política, la sanidad, la música, la libertad o incluso la felicidad. Poco a poco pierdes el miedo a decir lo que piensas, porque ellos piensan muy parecido a ti. Y escuchas su indignación cuando aquellos que no valoran las letras se empeñan en tomarnos por locos, idealistas, ratas de biblioteca que insisten en revivir disciplinas que ellos consideran innecesarias. Compartes su pena por la ignorancia del mundo, por la falta de interés por aprender. Junto a ellos tratas de entender porque los otros no entienden que tu fin sea estudiar sin más, que tu futuro es ese, no hay un futuro más lejano, más laboral. Tu futuro inmediato es aprender, de los profesores, de los libros, de ellos, de la historia…

Y poco a poco, te vas dando cuenta de lo importantes que son y serán. Un día, en un concierto, descubres que conocen a tu poeta favorito. Y entonces lo entiendes todo, descubres cual era tu plan. Tú que te sentías perdido, sin una vocación, sin un trabajo deseado. Tú, encuentras tu vocación: ser feliz. Ser feliz con cada persona nueva conocida y cada cosa nueva aprendida. Y entonces te das cuenta que desde pequeña has ido tomando las mejores decisiones que podías haber tomado. Tus decisiones son las que te han llevado a estar directamente en el camino para conseguir tu plan: ser feliz.

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Un pensamiento en “Grado de Historia

  1. josecarmona dice:

    Si el único objetivo es intentar ser feliz, desde luego que se va por buen camino.

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