Mientras el Parlamento de Reykjavick homenajea la desobediencia civil, en los nuestros se glorifica la sumisión; perdón quería decir la “paz social”. ¿Qué hace falta para despertar? La revuelta social e intelectual empieza por uno mismo. Se predica con el ejemplo.

Fragmento extraído del artículo “Criminalizar el pensamiento crítico” de Txema Ramírez de la Piscina.

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