Henry D. Thoreau (1848)

El mejor gobierno es el que no gobierna en absoluto y cuando los hombres estén preparados para él, ése será el tipo de gobierno que tendrán.

Yo creo que deberíamos ser hombres primeros y ciudadanos después

Todos los hombres reconocen el derecho a la revolución, es decir, el derecho a negar su lealtad y a oponerse al gobierno cuando su tiranía o su ineficacia sean desmesurados o insoportables.

¿Cuál es el valor de un hombre honrado y de un patriota hoy? Dudan y se lamentan y a veces redactan escritos, pero no hacen nada serio y eficaz. Esperarán con la mejor disposición a que otros remedien el mal, para poder dejar de lamentarse. Como mucho, depositan un simple voto y hacen un leve signo de aprobación y una aclamación a la justicia al pasar por su lado.

¡Loado sea el hombre auténtico que tiene un hueso en la espalda que no le permite doblegarse!

Los que, sin estar de acuerdo con la naturaleza y las medidas de un gobierno, le entregan su lealtad y su apoyo son, sin duda, sus seguidores más conscientes y por tanto suelen ser el mayor obstáculo para su reforma.

Si es de tal naturaleza que os obliga a ser agente de la injusticia, entonces os digo, quebrantad la ley. Que vuestra vida sea un freno que detenga la máquina.

Lo que importa no es que el comienzo sea pequeño, lo que se hace bien una vez, queda bien hecho para siempre

Bajo un gobierno que encarcela injustamente, el lugar que debe ocupar el justo es también la prisión

Una minoría no tiene ningún poder mientras se aviene a la voluntad de la mayoría. Pero cuando se opone con todas sus fuerzas es imparable.

Si mil hombres dejaran de pagar sus impuestos este año, tal medida no sería ni violenta ni cruel, mientras que si los pagan, se capacita al Estado para cometer actos de violencia y derramar la sangre de los inocentes

¿Acaso no hay un tipo de derramamiento de sangre cuando se hiere la conciencia? Por esa herida se vierten la auténtica humanidad e inmortalidad de hombre y su hemorragia le ocasiona la muerte interminable.

El Estado nunca se enfrenta voluntariamente con la conciencia intelectual o moral de un hombre sino con su cuerpo, con sus sentidos. No se arma de honradez o inteligencia sino que recurre a la simple fuerza física.

Si un hombre piensa con libertad, sueña con libertad e imagina con libertad, nunca le va a parecer que es aquello que no es y ni los gobernantes ni los reformadores ineptos podrán en realidad coaccionarle.

Jamás habrá un Estado realmente libre y culto hasta que no reconozca al individuo como un  poder superior e independiente, del que se deriven su propio poder y autoridad y le trate en consecuencia.

Fragmentos sacados de su escrito La desobediencia civil. 

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