Fragmento I de Homenaje a Cataluña de George Orwell

Sin embargo, por lo que se veía, la gente estaba contenta y tenía esperanza. No había desempleo y el coste de la vida era bajísimo; había muy pocos indigentes manifiestos y nadie mendigaba salvo los gitanos. Por encima de todo había fe en la revolución y en el futuro, una sensación de haber entrado de súbito en una era de igualdad y libertad. Los seres humanos procuraban comportarse como seres humanos y no como piezas del engranaje capitalista. En las barberías había avisos de los anarquistas (casi todos los barberos lo eran) en que se proclamaban solemnemente que los barberos ya no eran esclavos. En las calles había carteles de colores en que se invitaba a las prostitutas a dejar de ser prostitutas. Para quien llegaba de la encallecida y desdeñosa civilización de los pueblos anglófonos había algo de enternecedor en la literalidad con que aquellos españoles idealistas interpretaban los eslóganes de la revolución. 

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