Casa

Hay lugares que con el tiempo, las conversaciones, las bromas, y sobre todo con las horas y los recuerdos, se convierten en tu casa. Pasa sin que te des cuenta en realidad. Un año empiezas a ir continuamente a un sitio. Te sientas siempre en tu mesa favorita. Comes en el mismo sitio. Y poco a poco las sillas, las mesas, te han escuchado tantas carcajadas que es inevitable. Pasan los años y se convierte en tu casa. Así que un día, uno de esos que te da por pensar en las cosas importantes, te das cuenta de que te gusta ir a ese sitio, al de siempre, porque se ha convertido en tu casa. Es casi mejor que tu casa en realidad, porque ahí solo recuerdas sonrisas. Sonrisas de esas tan amplias que se te queda mirando y te pregunta ¿qué pasa?. Sonrisas de esas que provocan una igual en respuesta. Y parece todo un bucle continuo de felicidad imparable. Sonrisas de esas. De las que no son corrientes. De las que no son como las del resto del mundo

Lo bueno de tu casa, es que siempre puedes volver a ella. Y la sensación será la misma.

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