Entrevista de Pablo Iglesias a Ismael Serrano

No me gustan las entrevistas. Y apenas he visto alguna. La última que recuerdo fue la de Évole a Mújica. E igual que esta la vi por lo que me gusta el entrevistado. En este caso, además, es que el entrevistador me encanta también. El caso es que me apetecía mucho ver esta entrevista, y no me ha defraudado en absoluto.

Me apetecía verla por lo que son ellos dos para mi. A Ismael Serrano le conocí estando en el instituto. La primera canción que oí suya fue una de amor, claro, “La huida”. Confieso que me gustó pero tampoco me hizo escucharle más. Sin embargo, cosas de la vida, escuché “Papá cuéntame otra vez”. Y cualquiera que me conoce entiende por qué me enamoré inmediatamente. E Ismael pasó a ser mi cantautor favorito. Me puse como loca a escucharle. Una y otra vez. Me empapé de tantas canciones de protesta política. Y es que yo soy de esas a las que les gustan más las letras que la música. Puede que por eso me guste tanto el punk. El caso es que después de tanto escucharle entré en la universidad. Y cosas de la vida, conocí a alguien, que con el tiempo se convertiría en mi mejor amigo. Y luego en mucho más. Y resultó que a él también le encantaba Ismael Serrano. Y lo que entonces quizá no le pareció tan importante, resultó que con él fui a mi primer concierto. El primero al que yo decidí ir voluntariamente. Y allí me vi, en el Teatro Circo Price, viendo a Ismael Serrano. Fue increíble. La música y la política que tanto me impresionan, juntas en un teatro. La verdad, que para mi, fue mágico. Desde entonces le seguí mucho más de cerca. Leía su blog. Oía sus nuevas canciones. Regalé su disco. A él, si.

Y poco a poco me fui enamorando un poco más de su música. Una música que ponía en poesía tantas cosas que yo pensaba. Y que me contaba cosas que ni siquiera sabía. Me hacía conocer a gente que desconocía. Gente increíble, admirable. De la que también me iría enamorando con el tiempo. Y su música se fue quedando en mi vida, haciéndome sentir menos sola. Más esperanzada. Ya no solo tenía a Benedetti y Galeano. Ahora alguien cantaba eso que yo pensaba.

Y luego apareció Pablo Iglesias. También recuerdo la primera vez que le oí hablar. En un vídeo en Youtube en una tertulia de El Gato al Agua. Imaginad. El caso es que el vídeo corría como la pólvora entre esos jóvenes rojillos de mierda como yo. Los que habíamos ido al 15M. Los que habíamos rodeado el congreso. Los que recibíamos balazos de goma de la policía. Los que corríamos con miedo pero sabiendo que teníamos que estar ahí, que veíamos en él (al menos yo) a alguien que por fin plantaba cara a la derecha. Que lo hacía desde el conocimiento. Que les hacía caer en sus propios topicazos. Que se reía de ellos con elegancia y sabía contestarles. Y la verdad, era agradable, divertido incluso, ver que alguien por fin les plantaba cara.

Jamás imaginé quien llegaría a ser. Lo confieso.

Y llegaron las elecciones europeas. Y aparece Podemos. Y veo que se junta con Monedero, al que admiro. Y veo que empiezan a construir algo. Algo que planta cara a la derecha, mucho más directamente. Más eficazmente. Y les voté, claro que sí. Pero confieso, otra vez, que no con mucha esperanza. Soy votante de esa izquierda que no cree en el voto útil. Ni siquiera a IU voto. No tengo representación en el Parlamento ahora mismo. Así que estoy acostumbrada a votar creyendo que mi voto caerá en saco roto. Es cierto, que hablando con mi entorno empecé a pensar que quizá Podemos fuera a sacar más votos de los que yo pensaba. El 25 de mayo, esperando a los resultados, me hacía ilusiones pensando que quizá sacaríamos un eurodiputado. Sorpresa mayúscula. Creo que fue una de las noches más esperanzadoras que he vivido.

Y poco a poco la esperanza no ha hecho más que crecer. Se ha ido metiendo en más y más corazones. Y ahora está en boca de todos, para bien o para mal. Y siento una ilusión y unas ganas que no había sentido nunca. Un deseo enorme de poder ir a votarles, y esta vez si, esperar que ganen. Que ganen y las cosas cambien. Que mi país por fin pueda empezar a ser todas las cosas que yo quiero que sea.

Y ahora por fin parece que Riot Propaganda tenía razón, y el miedo ha cambiado de bando.

En fin, que ellos dos son todo eso para mi. Todo eso y muchas cosas más que me olvido de contar. Que no puedo siquiera explicar. Y que, en fin, que verles ahí me llena de una alegría enorme. Y una esperanza que no tiene límites.

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