¿Por qué acusan de populista a Podemos?

Hay términos (conceptos) controvertidos. Complicados de definir, de delimitar. Términos como populismo, pero también hay otros como terrorismo. Esta controversia, este vacío en la hegemonía de una definición consensuada y aceptada por todos para definir estos conceptos permite (o posibilita más bien) que cierto individuos hagan uso (y sobre todo abuso) de estos conceptos. Decía así muy acertadamente Monedero en el prólogo a La Nueva Izquierda en América Latina (2008): “La acusación de terrorista es la excusa urgente encontrada para solventar la pérdida de vigor de la acusación de comunista. Al final en el totum revolutum, no parecía haber diferencias entre Al Qaeda, ETA o las FARC – todas ellas organizaciones que han atacado objetivos civiles de manera indiscriminada – y los zapatistas pese a que son estos quienes sufren la violencia del Estado. “Terroristas” serían los profesores que exigen sus derechos en Oxaca y los mapuches de Chile, “terroristas” serían los cocaleros bolivianos y los que protestan contra el Plan Colombia, “terroristas” los que cuestionan la autoridad de la DEA norteamericana y los que quieren sacar las bases militares extranjeras de su territorio o reclaman la soberanía sobre las riquezas naturales. Una mezcla que no ayuda a la comprensión de los conflictos y que pretende una descalificación general que no es sino un arma de construcción de un sentido común conservador”

Obviamente son posibles también las referencias europeas a este tipo de descalificaciones con el término de terrorista, pero en este prólogo Monedero habla de América Latina puesto que este es el tema del libro. A pesar de esta ausencia, la centralidad de América Latina me sirve también para mi propósito puesto que el término de populismo, hasta la llegada de Podemos parecía poder designar solo a los gobiernos latinoamericanos, y no los nuestros, europeos superiores.

No pretendo realizar una exposición clarividente sobre el término de populismo. Nada que saque de dudas sobre qué es exactamente el populismo. Es un debate abierto entre historiadores (lo sé por qué es mi mundo), y supongo que también entre politólogos. Lástima que quienes lo usan no son ni lo uno ni lo otro, y raras, rarísimas veces han leído algo de este término. Por el contrario lo usan como un insulto – igual que decía Monedero sobre “Terrorismo” – que tiene cierto cariz académico e intelectual y por eso – creen (o quieren hacer creer más bien) – cargado de razón.

Lo que vengo a criticar, no lo hago por mi afinidad con Podemos, lo hago como historiadora graduada e interesada en las dinámicas latinoamericanas de los siglos XX y XXI. Dinámicas políticas y sociales especialmente. (No me desvío del tema, lo prometo).

Desde mi punto de vista esta crítica a Podemos, que no deja de ser un insulto fácil – más sencillo al menos que proponer alternativas eficaces que logren la mayoría social que ellos están logrando. Un insulto sin embargo que no es nuevo. Y es que este es el insulto típico, que hasta ahora estaba reservado a los gobiernos latinoamericanos (a saber, lo que ellos llaman repúblicas bananeras y bolivarianas). Un insulto que para mi está basado en la pretendida superioridad de unas ciencias sociales minadas por el eurocentrismo. Una superioridad que en su versión más light se manifiesta como un paternalismo que pretende enseñar a esos pobres latinoamericanos lo que es la política de verdad. Paternalismo que considera a los latinoamericanos incultos, analfabetos, manejables. Incapaces de distinguir al buen del mal político. Que se dejan manejar, adoctrinar, por caudillos (si, por qué aquí tenemos presidentes de gobierno, allí resulta que tienen caudillos. Aquí tenemos gobiernos, allí en cambio regímenes. No creáis que esos términos son neutros, ni baladís. Están cargados de connotaciones negativas que generan toda una retórica con un fin muy claro). El caso es que allí les llega un cualquiera – véase Chavez – que les dice lo que quieren oír (¿os suena?) y les compra los votos dándoles comida, educación y casas (Ya lo decía Galeano, ” Chávez es el demonio ¿por qué? Porque alfabetizó a 2 millones de venezolanos que no sabían leer ni escribir”). Y ellos pobres, incultos, que no saben lo que está bien (el neoliberalismo) y lo que está mal (el socialismo), se creen que toda esa retórica populista (por que es mala malísima) les va a salvar de aquello a lo que estamos condenados aquí en la vieja Europa.

Y cuando resulta que les salva, o como mínimo hace lo que puede, aquí los medios de comunicación (que tienen intereses económicos allí, no creáis que son críticas desinteresadas) se dedican a demonizar, insultar y desprestigiarles. Igual que Podemos acusa constantemente a la casta española de tratarnos como menores de edad sin derecho a decidir, la prensa trata a los latinoamericanos como a inferiores que se dejan gobernar por caudillos populistas. No como aquí con democracias tan asentadas (¿o no?) que sabemos bien de separación de poderes (¿seguro?), de libertad y democracia.

Y nadie se molesta en saber qué es el populismo. Nadie se molesta en ver a quien definió en su momento. Aquí nos vale con que nos digan que Chavez es populista. Pues bien esa es una de las dinámicas en juego – a mi modo de ver – más fundamentales en esta acusación de populistas a Podemos. ¿Por qué? Por que la campaña de desprestigio a Podemos se basa, entre otras cosas (no me olvido de los intentos de vincularles con el terrorismo, pero ese es otro debate), en eso precisamente. En vincularles a la odiada América Latina. A la comunista América Latina. A la bolivariana América Latina. A la antiimperialista América Latina. ¿Para qué vincularles? Para hacerles inferiores. Igual que se ha tratado de presentar siempre a América Latina. Si Podemos son como ellos, son inferiores, despreciables, incapaces de dirigir un país de esta amada y superior Europa.

Por tanto, para mi, la acusación de populistas a Podemos está lleno de esa superioridad eurocéntrica, del aberrante paternalismo que impera aquí para con las sociedades latinoamericanas. Y sobre todo, del miedo. El miedo a que alguien crea que eso que en muchos países latinoamericanos tratan de construir sirva de ejemplo, de esperanza, de baluarte, de inspiración para construir algo aquí. No porque sean hojas de ruta, sino porque quizá llevan muchos años gritándole a la izquierda europea que se equivocan, la izquierda no murió en 1989, el fin de las ideologías no fue tal. El capitalismo aun no ha vencido. Y como no ha vencido hay esperanza. Hay nuevos modos de hacer la política. Nuevas formas de entender la democracia.

Se les cae el chiringuito. Y eso asusta, claro que asusta. No han comprendido aun que deben tratarles como a iguales. Que deben sentarse a debatir con ellos y no a tratarles como si fueran inferiores – que es lo que pretenden al acusarles de populistas. Y como no lo entiendan pronto se van a estampar contra su propio ego. Y la realidad, que es dura, muy dura.

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