Fragmentos de “Doce lecciones sobre la historia” de Antoine Prost

“En cualquier oficio “intelectual” interviene la propia personalidad de quien lo desempeña. Nadie dedica días o años a estudiar filosofía, literatura o historia a menos que tenga un significado personal. No creo que podamos ser buenos historiadores sin una pizca de pasión, signo a su vez de una fuerte apuesta personal. El arraigo existencial de la curiosidad histórica explica la constancia en la investigación” (página 106)

“Los historiadores no comprometidos, aquellos que se pretenden puramente científicos, son quizá quienes corren más peligro, puesto que puede faltarles lucidez sobre su propia posición” (página 108)

“Al escribir la historia, el historiador se crea a sí mismo” (página 109)

“La objetividad no puede proceder de la perspectiva adoptada por el historiador, pues se halla necesariamente situado, es decir, es necesariamente subjetivo. El punto de vista de Sirio no existe, al menos en historia. De loco cabría calificar a quien así lo pretendiera: sería sólo el reconocimiento de su definitiva ingenuidad. Más que de objetividad, mejor sería hablar de imparcialidad y de verdad. Ahora bien, éstas no son sino metas conquistadas laboriosamente por el esfuerzo del historiador. Aparecen al término de su trabajo, no al inicio. Lo cual refuerza la importancia de las reglas del método” (página 111)

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