¿En que grado crees que te servirán tus estudios para encontrar un trabajo en el futuro?

He esperado muchos días a que se me pasara esta sensación. Quizás no he esperado los suficientes, es posible. Pero ya empiezo a cansarme de sentirme así. Estoy triste, decepcionada y abatida.

Cuando estaba en el instituto sabía perfectamente qué tenía que hacer: terminar la ESO, empezar Bachillerato, aprobar selectividad, elegir una carrera que me gustara y después buscar un trabajo de eso. Dio la mala suerte que a mi lo que me gusta son las letras. Y elegí estudiar Historia. La carrera estuvo bien. Con sus blancos y sus negros, sus cosas buenas, sus cosas malas. Como todo. Dentro de la carrera me enamoré de América Latina. De la que di escasas cuatro asignaturas de un total de cuarenta. Y yo no paraba de repetirme que la carrera tiene que englobarnos a todos y que después cuando siguiera formándome la cosa sería distinta.

Cuando acabé la carrera tuve que pensar qué quería ser. Normalmente cuando le dices a alguien que estudias Historia da por hecho que lo que vas a acabar es siendo otro más de los miles de profesores de instituto que hay. Yo no. Esa es la única cosa que tengo clara. NO QUIERO SER PROFESORA. Por nada del mundo. Y me angustia la idea de pensar que me voy a ver obligada a serlo. No solo por mi, por ellos, por quien tenga que soportarme. Porque he estado al otro lado y no hay nada tan nefasto e insoportable como un profesor que nunca quiso serlo.

El caso es que acabando la carrera pensé qué trabajo me gustaría hacer. Porque ese es mi gran problema. No tengo ninguna vocación profesional. Y eso, creedme, dificulta mucho las cosas. No porque por tenerla ya tengas trabajo, ni mucho menos, pero al menos así sabes que camino seguir. Yo en cambio no tengo ni puta idea de qué camino quiero seguir. Ni que quiero ser. Pero bueno, pensando, llegué a la idea de que ser restauradora no me importaría. Me gusta trabajar con las manos. Siempre he sido minuciosa y paciente para el trabajo artesanal. Y me dijeron que habiendo estudiado historia sería muy buena restauradora. Eso suponía estudiar otra carrera, otros cuatro años. Y ya empecé a agobiarme. Supondría estar otros cuatro años sin trabajar, estudiando, para llegar a cuarto de restauración ¿y entonces qué? ¿También me dirían que no hay salidas y que si quiero ser profesora?.

Entonces acabé mi carrera y mi tutor me dijo que valía para ser investigadora, historiadora investigadora claro. Y me pudo el ego, desde luego. No todos los días le dicen a uno que puede llegar a ser una de esas personas que se dedican a investigar y pensar y cuya aportación al mundo consiste en ser un intelectual, básicamente. Así que el ego me pudo, y me matriculé en el máster que no quería hacer. Y ha sido el peor año de mi vida de estudiante. El peor con diferencia. Nunca he estado tan cansada. Agotada. Con llagas y dolores de espalda de descansar poco, de pasarme ocho horas diarias leyendo, sentada en una mesa, subrayando, haciendo trabajos. Y lo peor de todo ese cansancio y ese agotamiento es que no he disfrutado ni un solo minuto de las ocho horas diarias de 365 días.

Un año entero, cansada, aburrida, decepcionada. Un año entero agobiada por no acostarme tarde porque sino al día siguiente no iba a tener fuerzas para sentarme de nuevo a estudiar. Un año entero en el que cada vez que acababa por la tarde lo único que quería era tumbarme a ver una serie. Ni hablar con mi familia. Ni salir con mis amigos. Ni leer un libro. No sé hace cuanto que no leo algo por simple placer.

Ha sido un año de mierda. Y yo solo pensaba en que lo hacía por el doctorado. Que el doctorado sería distinto, mejor. Quizá debí pensar que eso ya me había pasado en la carrera y que el máster solo había sido peor aun.

Y aquí estoy. He acabado el máster. He acabado el puto máster. Después de llorarle mil veces que no podía más he acabado el puto máster. Tengo el maldito título. Y no puedo más. Esa es la única idea que tengo en la cabeza ahora mismo. No puedo más.

Estoy cansada de que me obliguen a ir a conferencias aburridas donde el conferenciante llega, lee el papel y se va, porque lo único que quiere es que le den el dinerito y el reconocimiento. Estoy cansada de que pasen lista. De que sea obligatorio hacer las cosas. De tener que preparar presentaciones porque sí, porque es una exigencia para que te den el título. Y entonces me pregunto, si estoy cansada ahora ¿cómo cojones voy a entrar en la universidad a trabajar si esta es la tónica constante?.

Me encantaría investigar. Irme a América Latina y hablar con la gente, y leer libros y así saber más de tantas cosas que me interesan. Pero cada vez tengo más claro que no quiero tener que estar obligada en un sistema universitario que no comparto que me hace sentir encerrada y forzada constantemente a hacer cosas que no quiero hacer.

Vale. Entonces el doctorado descartado. Estupendo decisión tomada. ¿Y entonces ahora que?:

  • ¿En que grado crees que te servirán tus estudios para encontrar un trabajo en el futuro?
  • En poco, muy poco.

Y por todo esto no puedo dormir. He tomado un camino que no quiero y siento que en realidad no hay otro camino que tomar. Me limito a hacer lo que me obligan a hacer, duermo mal y sigo triste, decepcionada y cansada, muy muy cansada.

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