Madrid-Zaragoza-Madrid

No sé bien si es por haber dormido cuatro horas, por estar leyendo Diario de un emigrante de Miguel Delibes o por estar en un AVE camino del archivo militar de Zaragoza a digitalizar varios expedientes de represaliados de la Guerra Civil. El caso es que me dio por pensar en la idea de patria.
Curioso concepto, del que creo, al final, nadie escapa. Como casi todos un concepto subjetivo y dinámico que habla más del que lo siente, y cómo lo define, que de la propia patria en sí.
A la izquierda española nos robaron el concepto. Creo firmemente que los cuarenta años de franquismo inculcaron una firme y asentada ideología colectiva que afecta hasta aquellos que no sólo renegamos de ello sino que ni siquiera lo vivimos. Me resulta curioso pensar en la patria porque mi primera sensación es que es un concepto conservador de la derecha política. Sin embargo cada vez que leo sobre la izquierda latinoamericana, que tanto admiro, me emociona su sentimiento: ¡Patria o muerte!. Y creo entonces que su grito no se diferencia tanto del sentimiento de los republicanos españoles que en el 36 defendieron nuestra patria.
Soy internacionalista, por supuesto, no creo en las fronteras ni en los países. Creo que el internacionalismo es el valor más hermoso de la izquierda. Y que todos aquellos que lo traicionan, no merecen ser considerados de izquierdas. Sin embargo creo que la defensa de la patria guarda, en el fondo, mucha relación con el internacionalismo. La defensa de una idea concreta de patria, lógicamente.
Creo que cuando la izquierda defiende a su patria. Que no es otra cosa en el fondo que su gente, sus pueblos y esperanzas más ambiciosas de mejora.  Cuando defendemos esa patria no hacemos más que aplicar la máxima ecologista: “piensa globalmente, actúa localmente”.
No quiero que España mejore, y que su gente viva dignamente, porque crea que este es el mejor país del mundo. Lo quiero porque creo que todos los seres humanos de la tierra merecen vivir dignamente. En países que no sólo respeten sus derechos humanos básicos sino que permitan a sus ciudadanos soñar, crear, disfrutar, aprender, vivir la vida plenamente. Y esas ideas empiezan por uno mismo, por tu pueblo, tu barrio, tu ciudad, tu comunidad, tu país.
Creo por eso que cuando los cubanos gritan “¡Patria o muerte, venceremos!” También gritan por nosotros, los españoles que compartimos sus sueños y aspiraciones. Creo que la patria es un significante mucho más amplio y completo que el restringido significado que la derecha política le atribuye.
Viajo en tren y miro los campos y tierras que pasan por mi ventana y claro que pienso en lo bonita que es España. Cuando me encuentro en el extranjero tengo también ese sentimiento algo paleto de que la mejor comida es la de aquí. Leo sobre la mentalidad e ideología del norte de Europa y me siento tremenda e irrevocablemente mediterránea en mis ideas. Sin embargo a la vez soy consciente de que esos sentimientos son fruto de la simple casualidad. De haber nacido en Noruega serían los fiordos los que me emocionaran y no la belleza del los montes españoles.
Estas reflexiones son las que me llevan a pensar que esa patria de la tierra y la cultura es algo más débil y azarosa, que la patria internacionalista. Pues otras ciudades del mundo me han hecho sentirme como si fuera nativa. Y es que cuando trabajo en la exhumación de una fosa de la guerra civil, cuando acudo al archivo a desenterrar la historia de esos olvidados héroes es cuando de verdad siento muy dentro de mi lo que es la patria. Ahí es cuando me siento profundamente orgullosa de ser Española. Cuando pienso en el 2 de mayo, en el 14 de abril y más recientemente en el 15 de mayo y los 69 diputados de Podemos.
Reconozco que en ese sentimiento de patria hay cierto orgullo en ver qué son mis compatriotas los protagonistas de esas historias. Sin embargo cada vez que leo sobre el levantamiento zapatista, la revolución cubana, la victoria sandinista, los tupamaros, los éxitos de la nueva izquierda latinoamericana… no puedo evitar sentirles también parte de mi patria. Una más amplia, más bonita, más plural aún si cabe que este país cuya pluralidad es una de sus virtudes más hermosas.
En fin, que los viajes me hacen pensar. Y más en estos tiempos en que mi patria pequeña, España, está tan cambiada y en ella se respiran aires nuevos, más limpios, más hermosos.

¡Patria o muerte, venceremos!

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