Papá cuéntame otra vez

No sé que me pasa con la frase “Papá cuéntame otra vez esa historia tan bonita, de aquel guerrillero loco que mataron en Bolivia” que cuando la oigo se me llenan los ojos de lágrimas y la garganta de congoja. 

Creo es porque lo llama “historia”, me hace sentir como si hablara de un cuento de esos que se cuentan a los niños para hacerles creer que la vida es maravillosa. Y me da pena pensar que parece ya más una historia que una realidad.

Qué canción madre mía. Qué bonita oírla en directo. 

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Sense8

Cuando veo Sense8 a veces no sé decir bien qué es lo que más me gusta de la serie. Si son los diálogos, como cada uno de ellos va encontrándose a sí mismo en los demás (I am a we). Cómo te enseñan a ver que tus problemas son tan parecidos a los de los demás. Quizás no en la forma pero sí en el fondo. 

No sé si son las frases contundentes que denuncian al mundo tal y como es y te recuerdan cuál debe ser nuestro papel (Your life can be defined by the system or by how you defy the system)

Y luego, esos fondos y escenarios, que casi parecen lo de menos. Londres. Las Highlands de Escocia. San Francisco. Pero la hacen aún más perfecta.

Supongo que al final, lo que más me gusta es como juegan con el enfrentamiento entre homo sapiens y homo sensorium para mostrarnos el enfrentamiento que hay en este mundo entre quienes quieren más. De sí mismos, de la vida, de los demás, del mundo, de la existencia, de nuestra especie en general. Y los que tienen miedo de toda esa gente, porque van a cambiar el mundo.

Y tú qué te consideras sapiens, ves la serie y piensas: “ojalá, ojalá fuera un sensorium, ojalá”. Pero no solo por todas las experiencias geniales que viven y lo increíble de sus capacidades. Sino por como ven el mundo, por como sienten que son el futuro, que por más que traten de machacarles, perseguirles, acorralarles, matarles… No lo van a conseguir. Son el futuro y nada puede pararles. Y te emocionas con ellos y solo piensas: “ojalá, ojalá fuera un sensorium. No me importaría enfrentarme a mil Whispers. Valdría la pena solo por ser uno de los que van a cambiar el mundo”. Y entonces ahí los dos mundos se cruzan. Se hacen uno y te das cuenta que en realidad hablan de ti, y de todos los que son como tú. Diferentes, amantes de las diferencias, tolerantes, soñadores que solo aspiran a hacer el mundo mejor.

Ni más ni menos que uno de ellos, un sensorium. 

Periodistas

Confieso que siempre pensé que los periodistas no eran gente de fiar. Aunque la culpa no es solamente mía, hay que reconocer que hay mucha gente mediocre en esa profesión. Supongo que como en todas. La diferencia es que el periodismo tiene una repercusión y una difusión tal que pone en evidencia a quien es malo. Con el tiempo me fui dando cuenta que los grandes amores platónicos de mi vida, además de escritores o poetas, eran periodistas. Y empecé a plantearme que quizá tenía que dejar de pensar que era una profesión mala. Y es que como en todo, hay quien hace de ella la profesión más digna.

Entonces apareció él, un amor que no tiene nada que ver con los amores platónicos. Un amor de verdad, de los de desayunar y coger el autobús juntos. De esos que hacen que la rutina no parezca un precipicio. Porque los amores platónicos no están mal, pero nunca son capaces de hacerte sentir tanto, ni hacerte feliz de verdad. Y resultó que quiere ser (y, a estas alturas, ya es) periodista.

Yo sé que el mundo nunca es tan bonito ni tan fácil como creemos. Yo sé que es difícil abrirse camino incluso cuando uno tiene claro cuál es su camino. Pero también sé que a la gente que vale la pena de verdad siempre se le abren las puertas en algún momento. Y más a la gente que trabaja duro y pelea por ser distinto. Sobre todo a aquellos que dignifican todo lo que se proponen.

Sé que el mundo es difícil y que la mayoría de las veces uno se cansa de luchar contracorriente, pero también sé que no hay tanta gente especial por ahí. No tan especiales como él.

Just kids de Patti Smith

Es curiosa la sensación que te invade cuando acabas un libro que te gusta. Yo necesito un rato se silencio. Asimilarlo. Dejar que se guarde bien dentro. Digerirlo. 

Y aunque solo unas páginas antes querría empezar uno nuevo que me enganchara igual al acabarse. Cuando de verdad lo acabo no tengo fuerzas para coger un nuevo libro. Simplemente no me parece bien. 
Es como si quisiera guardarle cierta fidelidad, dejando que me invada el corazón por completo antes de sumergirme en un nuevo relato. 

Caspar David Friederich

Ni si quiera soy capaz de explicar qué tiene que le haga tan especial. Pero juro que es uno de mis cuadros favoritos. Me transmite tantas sensaciones…

Creo que tiene que ver con que esté de espaldas, no te mira, no pretende que estés ahí. Simplemente has tenido la suerte de ver esa escena íntima, personal, individual. Normalmente los cuadros te hacen tan partícipes de la escena que casi pareces protagonista. Aquí eres casi un intruso, un cotilla metido en mitad de un momento de soledad. 

También las nubes tienen mucho que ver. Siempre me han parecido algo increíble. Cada vez que vuelo y las veo por encima. Transmiten una sensación de paz, de calma, belleza sencilla. 

Y verle ahí, solo, ante las nubes. Disfrutando el paisaje. Parece lleno de melancolía, pero a la vez de aventura, pasión, bellaza. Quizá incluso esperanza. El arte de estar solo. De asumir lo pequeño que eres en el mundo. Y lo bello que este es.

No lo sé. Quizá divago simplemente. Pero lo que sí sé es que me encanta. Me parece un cuadro perfecto. El arte tiene que removerte por dentro. Para hacerte sentir bien, o mal, o feliz, triste, comprendido. Lo que sea. La magia es que te hace sentir.