Periodistas

Confieso que siempre pensé que los periodistas no eran gente de fiar. Aunque la culpa no es solamente mía, hay que reconocer que hay mucha gente mediocre en esa profesión. Supongo que como en todas. La diferencia es que el periodismo tiene una repercusión y una difusión tal que pone en evidencia a quien es malo. Con el tiempo me fui dando cuenta que los grandes amores platónicos de mi vida, además de escritores o poetas, eran periodistas. Y empecé a plantearme que quizá tenía que dejar de pensar que era una profesión mala. Y es que como en todo, hay quien hace de ella la profesión más digna.

Entonces apareció él, un amor que no tiene nada que ver con los amores platónicos. Un amor de verdad, de los de desayunar y coger el autobús juntos. De esos que hacen que la rutina no parezca un precipicio. Porque los amores platónicos no están mal, pero nunca son capaces de hacerte sentir tanto, ni hacerte feliz de verdad. Y resultó que quiere ser (y, a estas alturas, ya es) periodista.

Yo sé que el mundo nunca es tan bonito ni tan fácil como creemos. Yo sé que es difícil abrirse camino incluso cuando uno tiene claro cuál es su camino. Pero también sé que a la gente que vale la pena de verdad siempre se le abren las puertas en algún momento. Y más a la gente que trabaja duro y pelea por ser distinto. Sobre todo a aquellos que dignifican todo lo que se proponen.

Sé que el mundo es difícil y que la mayoría de las veces uno se cansa de luchar contracorriente, pero también sé que no hay tanta gente especial por ahí. No tan especiales como él.

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El amor

Es curioso que haya tantas películas y libros que hablan del amor y por mucho que tratan de explicarnos qué es, creo que se olvidan de algo fundamental. Para mi el amor es sobre todo querer compartirlo todo. Hasta el pasado. Es querer volver a ir a todos los sitios que has conocido en tu vida y enseñárselos. Y tratar así de que sienta lo que tú sentiste. 

Viajar juntos a sitios donde uno y otro ya habeis estado es como tratar de viajar al pasado. Enseñarle quién eres. Y sobre todo por qué sitios, qué personas y que vivencias eres como eres. Porque al fin y al cabo cuando alguien quiere a otra persona, quiere su forma de ser. En todas sus dimensiones. Y lo más bonito es que puedan enseñarte que puerto le enseñó a querer el bocadillo de caballa, en qué mezquita lloró de emoción, dónde descubrió que alguna vez quería vivir en Londres, por qué le gusta el té negro, cuándo se dio cuenta de que la Historia es su pasión, en que mar descubrió que quería tocarlos todos. 

Para mí ha sido todo un descubrimiento darme cuenta de que a pesar de todos los países que me faltan por ver en mi lista, quiero repetir con él todos los que fueron importantes para mi. Quiero que los vea conmigo y no parar de contarle historias. Y sobre todo, deseo que le encanten tanto como a mi. 

Contigo

Yo solía ir mucho de camping con mis padres y tengo muy buenos recuerdos de esos viajes. Disfruto de la naturaleza, de la libertad de estar en tu casa móvil. De montar en un coche e ir al siguiente destino llevando todo contigo. 

Ha sido un placer compartir eso contigo. Y que haya sido la primera vez conmigo. Ha sido maravilloso. No puedo dejar de pensar en el siguiente viaje juntos con nuestra tienda a cuestas. 

Primera decepción

El instituto. Llegas creyendo que te van a enseñar a ser libre, a crecer, a ver el mundo con otros ojos. Y en realidad mayoritariamente te enseñan a callar, a no mirar, no contestar y acatar todas y cada una de las normas estúpidas del mundo.

A veces tienes suerte y encuentras a un profesor que sigue siendo un idealista y quiere enseñarte a ver el mundo de otra forma. Solo a veces. Pero en realidad llega un punto que ni eso compensa tener que aguantar a tanto mediocre herramienta de imposición del sistema.